Hace un tiempo leí la historia de una de esas personas que te hace reflexionar. Una historia real. La madrugada del 26 de septiembre de 1983 un satélite ruso detectó un mísil que había salido desde Montana (EEUU) con destino Moscú. El mísil iba a explotar a las 00:34 (hora rusa). Provocando así la 3ª Guerra Mundial.
El responsable de la base aeroespacial rusa era Stanislav Petrov y su función era alertar a los mandos superiores para que iniciaran el ataque. El bueno de Petrov intentó no ponerse nervioso y esperar un poco antes de crear una catástrofe internacional, aunque su paciencia se agotó cuando el mismo radar detectó que 4 mísiles más iban hacía su país.
Y justo en ese momento, en el que el prótocolo del ejercito ruso decía que se tenía que contrarestar el ataque nuclear, Stanislav no obedeció y pensó: “Nadie empiezaría una guerra nuclear con 5 mísiles”.
El final imagino que lo sabréis. Nunca hubo guerra. No hubo explosión. Todo fue una falsa alarma provocada por la luz solar reflejada en las nubes. Stanislav fue castigado por no cumplir con su deber. Aunque comió perdices y lo condecoraron con el “World Citizen Award”. También se realizará un documental contando su historia “The Man Who Saved The World“.
Pero nunca sabremos qué hubiera pasado si ese día Stanislav Petrov no hubiera ido a trabajar.
RH